martes, 16 de enero de 2007

Versos de un amor perdido (La Gran Miseria Humana)



Una noche de misterio,
estando el mundo dormido pasé por el cementerio.
Desde el azul hemisferio la luna su luz ponía,
en la gran muralla fría de la metropoli santa,
donde a los muertos canta el buho su triste alegría.

Acompañado de cierzo a los difuntos visité,
y en cada tumba dejé una lágrima y un verso.
¿Estaba allí de perverso entre seres no ofensivos?
¿Fui a perturbar a los cautivos de sus sepulcros desiertos?
Pues no!, fui a visitar a los muertos por tener miedo a los vivos.

La luna seguía brillando y el aire era muy sonoro,
y una dalia de oro simulaba cada estrella.
Y la brisa sin querella por ser voluble y ser vana corría por la mansión arcana
silvando entre los cipreses.

Como silentes centinelas a lo largo de la muralla,
los cipreses del camposanto observaban las blancas tumbas
y en las penumbras de sus silencios un craneo blanco callaba.

Entre el miedo y la deisidia pregunte a aquel craneo humano
lleno de aflicción, dime humana calabera:

Eres tu el craneo de aquella que en vida sin querella,
me desprecio con desdén?
Eres tu aquella de bello semblante, de mejillas rosadas y piel delirante
que en fría noche de invierno sus rojos labios quisieron comerse un amante?
Eres acaso el craneo de aquella que dijo me amaba
Y que en noche helada desapareció para siempre?
si eres el craneo de ella contesta, contesta humana calabera.

Que se hizo la carne aquella que un día te hiciera bella
cual lirio de la mañana?
tu mejilla rosada y tus labios rojos cual carmesí
donde esta tu bello seblante, tu larga cabellera?
Que paso con tu cerebro pensante, contesta donde está tu masa gris,
que ha pasado con tu bello perfil si era larga tu nariz?
Donde humana calabera donde ha quedado aquella?

A mis interrogaciones el craneo blanco callaba y la luna alumbraba sarcófagos y panteones
y cargado de dolor y furia dije sin aflicciones
Si eres tu el craneo de aquella que me despreció con desdén
despeciame ahora también eclipsa otra vez mi estrella.

Como traída del infierno la calabera dejo su mudo semblante
y en la mas espantosa voz, con alarido espeluznante contestó:

Yo soy el craneo que aquella que una vez amaste,
Aquella de mejillas rosadas a quien un día dijiste poemas que no merecía
a quien llamaste bella cual lirio de la mañana
a quien hoy como a todos le ha llegado su hora y duerme con la gran miseria humana
aquella que juraste jamas dejar
Que es lo que has venido a buscar
acado has tratado de entrarme como un día fui
pues debo entonces contarte que como un día tu lo harás
yo ya hace tiempo que morí
y vine a este lugar de descanso a cantar junto a los muertos
al cierzo mis lamentos
vine a esta mansion arcana donde la gran miseria humana
descansa su ultimo sueño.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Una de las poesías más bellas y dramáticas que se haya escrito en el contexto del hombre frente a la muerte ´de la persona que una vez se amó.

Es una noche de misterio que nos enfrenta a la situación límite (Karl Jaspers) de la muerte como ultimo sueño que eclipsa a la vida para encarnarse en la vivencia del silencioso camposanto.

Unknown dijo...

Efectivamente es una de las mejores poesías que alguna vez se haya escrito. Tengo la fortuna de haberla declamado y ganado el concurso. Me da tristeza ver que por algun error, así creo, no está escrita como es y no está escrita toda. Por favor escribirla como es. Orlando Quiceno de Bogotá Colombia

Ikaro dijo...

Orlando, Gracias por su comentario, sin embargo lo escrito es una vaga memoria de niño, mi abuela solía declamarla para mí de niño, sin embargo nunca he encontrado el texto original, ni tampoco he logrado encontrar el autor, si conoces quien la ha hecho te agradezco lo compartas y seguramente publicaré nuevamente un post con la version completa que estoy seguro es tan hermosa como el recuerdo que guardo.

Anónimo dijo...

no se ami pareser no deveria ser asi tergiversar algo tan hermoso como este poema yo me lo se en su vercion original de memoria, siendo el himno de los difuntos amores es triste ver esto