Felicidades de papel y tristezas de arena, vientos huracanados murmuran, tormentas de ilusiones y sueños; un distante sol de quietud que apenas logra calentar el rostro, solo como para recordar que despues de todo esto volveré de nuevo a encontrar calma. Voces y consejos, noticias y cartas, señales y preguntas, nubes y faros, el suelo que se mueve a mi pies y el cielo que se deshace en mi mirada.

El silencio dejó de existir, roto por el ruido penetrante de viento, que con fuerza empieza a mover cada sitio, cada rincón, mientras yo me esfuerzo para sostener aquello que puedo con mis manos mientras mis pies se aferran a esta nube cargada de agua, aunque sé que pronto lloverá.
Sin embargo y aún sin que yo lo quiera estas alas que me fueron dadas deciden estirarse para volar en el viento que las tienta a probar fuerza, que las tienta a buscar un nuevo lugar, aún sabiendo que en el camino muchos pueden caerse y perderse para siempre, que muchos pueden no ser tan fuertes para sostenerse a mi vuelo, que muchos pueden decidir no volar a una nueva nube conmigo.

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